Las escaras o úlceras por presión son lesiones que se producen en la piel en zonas en las que hay una presión constante sobre ella, como por ejemplo la zona lumbar, cadera, tobillo, talones, etc. Debido a esto hay una pérdida de flujo sanguíneo hacia la piel lo que genera un área de isquemia con pérdida de una o varias capas de la piel.

Además de los cambios en la piel por la edad, existen otros factores de riesgo para que una persona presente estas lesiones. La movilidad limitada o postramiento dados por dolor, una cirugía, fracturas, secuelas de un accidente cerebrovascular o accidente raquimedular hace que las personas permanezcan mucho tiempo en una misma posición o inmóviles en cama haciendo que la presión en las zonas protuberantes del cuerpo se mantenga por mucho tiempo favoreciendo la aparición de las lesiones en la piel. La desnutrición es otro factor importante, ya que, disminuye la capacidad de la piel para repararse. Las enfermedades crónicas como diabetes mellitus, depresión, vasculitis, enfermedades vasculares periféricas, disminución de la sensación del dolor, enfermedades terminales, entre otras, producen en las personas que las padecen un mayor riesgo de presentar escaras.

Las úlceras por presión se clasifican de acuerdo con la profundidad y gravedad de las lesiones. En el estadio I la piel se encuentra intacta con un enrojecimiento que no blanquea con la presión al examen físico, en el estadio II hay una lesión abierta (úlcera) que compromete una o varias capas de la piel, en el estadio III la lesión llega hasta el tejido celular subcutáneo y por último, en el estadio IV hay exposición de músculos o huesos.

 

Para prevenir que los adultos mayores presenten escaras se debe proteger la piel con una muy buena hidratación con emolientes o cremas humectantes. Incentivar a la persona para que se mueva, camine y cambie de posición en caso poder a por sí solo, de lo contrario, en caso de estar postrado sin movilidad, el acompañante o familiar debe procurar cambiarlo de posición frecuentemente, aproximadamente cada 2 horas. Para adultos mayores que se encuentren postrados en cama o con movilidad muy disminuida existen colchones y espumas especiales que reducen el riesgo de presentar escaras. Sin embargo, no es suficiente con solo hacer una de estas medidas, se  requiere de todas para prevenir al máximo la aparición de las lesiones.

 

 

 

Una vez formada la escara o úlcera se requiere de un tratamiento médico basado en el estadio de la lesión y si existe o no una infección concomitante. Se recomienda que la herida se mantenga limpia para evitar infecciones. También, existen diferentes ungüentos y apósitos especializados que favorecen la curación.  En caso de ser muy profunda o presentar tejido necrótico o muerto puede requerir el desbridamiento quirúrgico de acuerdo con el criterio médico. Por último, el manejo de estas lesiones debe hacerse de una manera multidisciplinaria donde el familiar del paciente, enfermería, clínica de heridas y el médico trabajen en conjunto para la reparación y curación óptima de la piel  y para la prevención de nuevas lesiones.